Un teléfono en lugar de infancia: ¿perjudican realmente los dispositivos el desarrollo infantil?
Las alertas aéreas, la vida entre el hogar y el refugio, el trabajo a distancia y el flujo constante de noticias han cambiado la vida cotidiana de las familias ucranianas: el dispositivo se ha convertido en una forma habitual de calmar a un niño. Los especialistas advierten de que el uso regular de pantallas puede afectar negativamente al desarrollo de los menores de dos años.

Lo confirma también un amplio estudio internacional cuyos resultados han publicado científicos británicos de cuatro universidades: Leeds, Leeds Trinity, Loughborough y Aston.
Los investigadores concluyeron que el uso regular de teléfonos inteligentes, tabletas u otros dispositivos con pantalla por parte de niños menores de dos años está asociado a posibles riesgos para la salud a largo plazo. Por ello recomendaron evitar por completo las situaciones en las que se enciende deliberadamente un dispositivo a los bebés bajo el principio de «que el niño juegue, con tal de que no moleste a nadie».
En los últimos años las pantallas se han convertido en una parte habitual de la infancia. Mientras los padres trabajan, resuelven asuntos domésticos o siguen los avisos sobre la situación de seguridad, los pequeños suelen pasar el tiempo viendo dibujos animados o vídeos infantiles. Hoy los dispositivos se usan a menudo como una forma rápida de distraer o calmar a un niño.
Los científicos advierten de que los dispositivos privan del contacto directo con los padres, limitan la actividad física del niño e incluso influyen en el desarrollo del habla. Según el estudio, entre los principales riesgos se mencionan también los problemas de sueño, la sobreestimulación del sistema nervioso, un posible efecto sobre la salud ocular y un mayor riesgo de obesidad infantil.
Denys Boichuk, coordinador del Instituto de Investigación de Neurodesarrollo, Neurología y Rehabilitación y médico epileptólogo, explicó el motivo de la especial atención a los dos primeros años de vida:
«Es uno de los períodos más intensos del desarrollo del cerebro. Justo entonces se forma un enorme número de conexiones neuronales responsables del habla, la memoria, la regulación emocional, la atención y las habilidades sociales. Para un desarrollo adecuado el niño necesita comunicación directa con adultos y niños, imitar acciones, actividad física adecuada, explorar el entorno, contacto emocional y recibir respuesta del entorno. La sobreestimulación del cerebro también es un riesgo. Las imágenes brillantes, el cambio rápido de planos y el flujo constante de información pueden dificultar los procesos naturales de concentración y empeorar el sueño».
El estudio lo realizaron británicos, pero el problema se manifiesta con especial crudeza en las familias ucranianas. Con los frecuentes bombardeos, para muchos padres el teléfono se convierte en una forma de entretener al niño durante una larga estancia en el refugio o en el camino hacia un lugar más seguro.
Los dispositivos digitales se convierten cada vez más en una herramienta para calmar a los niños. Los bebés empiezan a buscar consuelo no en el contacto con sus padres, sino en un teléfono o una tableta. Según los autores del estudio, esto puede influir en la formación del apego emocional y en la conducta del niño en el futuro.
Parte del problema es que los propios padres a menudo carecen de recomendaciones claras sobre el uso de los dispositivos. Como resultado, la presencia constante de pantallas empieza a percibirse como lo normal. Así se comportan los padres, y los niños adquieren esos hábitos desde muy pequeños.
Noticias del frente, chats de trabajo, mensajes de familiares, señales de alarma. Muchos padres pasan de forma inconsciente gran parte del tiempo con el teléfono incluso junto a sus hijos. Los pequeños asimilan rápidamente ese modelo de conducta y empiezan a percibir el dispositivo como el principal centro de atención de la familia.
Los especialistas aconsejan no intentar renunciar por completo a la tecnología, sino establecer reglas saludables para su uso. Para los niños menores de dos años deben seguir siendo prioritarios la comunicación directa, los juegos activos, los paseos, la lectura de libros y la interacción con el mundo que los rodea. Incluso los autores del estudio reconocen que en el mundo actual es casi imposible evitar el contacto pasivo con las pantallas, pero subrayan que el tiempo de pantalla adicional y deliberado no aporta ningún beneficio y solo aumenta los riesgos potenciales para el desarrollo del niño.
En tiempos de guerra y de estrés constante, los padres ucranianos tienen que buscar un equilibrio entre la realidad y las necesidades del niño. Pero precisamente ahora, cuando los dispositivos se han convertido en una parte inseparable de la vida, es especialmente importante recordar que el mejor entorno para el desarrollo de un pequeño no son los teléfonos ni las tabletas, sino la comunicación, el cuidado y la presencia de sus seres queridos. La conclusión de los científicos británicos es sencilla: los dos primeros años de vida son decisivos para el desarrollo del cerebro, y ninguna pantalla puede sustituir la interacción directa del niño con sus padres.
Recordemos que en Ucrania funciona un proyecto conjunto ucraniano-estadounidense del Instituto de Investigación de Neurodesarrollo, Neurología y Rehabilitación. Una de las líneas principales es el estudio del efecto de la guerra en la salud de la población y de las neurotraumas. Diagnóstico y acompañamiento de niños y adultos, y recomendaciones con base científica para los padres. Se realizan exploraciones cerebrales con electroencefalógrafo. Las condiciones para veteranos, en el sitio veterano.info.
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Fuentes: The Guardian, 1001 Critical Days